|
Reseña Histórica de la ciudad de Villahermos.a
Debido a la creciente pobreza, epidemias, y
sobre todo a los continuos ataques de los piratas ingleses posesionados de
la isla del Carmen, la mayoría de los habitantes de la villa de Santa María
de la Victoria, fundada por el conquistador Hernán Cortés en la
desembocadura del río Grijalva en lo que hoy es el municipio de Centla,
decidieron abandonar ésta y buscar tierra adentro un sitio más seguro para
asentarse; así el 24 de junio de 1557, llegaron al pequeño caserío de
pescadores denominado Tres Lomas, ubicado en la margen izquierda del río
Grijalva, donde fundaron una nueva población con el nombre de San Juan
Bautista de Tabasco.
En 1564, Diego de Quijada, alcalde mayor de
Yucatán, Cozumel y Tabasco, trazó y dio posesión oficial de las tierras de
este nuevo asentamiento al que denominó como villa de Carmona a semejanza de
su lugar natal en Andalucía. El trazo comprendía a las actuales calles de
Madero, Reforma, Lerdo y otras del centro de la ciudad, incluyendo la plaza
principal o plaza de armas donde se construyó la primera iglesia.
Hacia 1596-1598 el rey de España Felipe II,
aprobó la fundación denominándola villa Hermosa de San Juan Bautista y le
otorgó el escudo de armas que hasta la fecha identifica al estado de
Tabasco.
No obstante que Santa María de la Victoria,
siguió siendo oficialmente la capital de la provincia, villa Hermosa se
había convertido en un centro comercial más seguro y el principal puerto de
Tabasco. Los pocos españoles que permanecían en la fundación cortesiana,
hartos del saqueo y los desmanes de los piratas, solicitaron a la corona
española a principios del siglo XVII, el traslado de los poderes de la
provincia a villa Hermosa.
Aprobada esta petición, el 24 de junio de 1641
se realizó el traslado de los poderes. La nueva sede del gobierno colonial
fue llamada villa de San Juan Bautista de Villahermosa.
Con los últimos colonos mariavictorianos llegó a
San Juan Bautista la imagen de la Virgen de la Victoria, máximo símbolo
religioso de la primera fundación española en tierras continentales de
América que ahora llegaba su fin; esa imagen había sido venerada por los
conquistadores luego de vencer a los nativos tabasqueños en la histórica
batalla de Centla en marzo de 1519.
Una de las primeras construcciones que ordenó el
alcalde mayor Simón Rodríguez, fue el fortín de La Encarnación en lo que hoy
es el parque de Los Pajaritos (esquina de las calles 5 de Mayo y Zaragoza),
para resguardar los intereses reales de los ataques de los corsarios
ingleses que seguían incursionando en las costas del golfo.
A principios de 1677, la villa de San Juan de
Villahermosa fue atacada y saqueada por los piratas por lo que la sede del
gobierno colonial fue trasladada al distrito de La Sierra, permaneciendo en
Tacotalpa más de un siglo.
En 1708 el escudo de armas y la cédula real o
título de la población de la villa de San Juan de Villahermosa, fue
destruido por el fuego durante un poderoso incendio acaecido en Tacotalpa.
En 1711 los piratas incendiaron Villahermosa,
quemando la Casa Fuerte o Almacén Real (la cuadra que hoy forman las calles
de Madero, Reforma, Juárez y Lerdo), que era la casa de gobierno.
Con la reconquista española de la isla del
Carmen en julio de 1717 y alejado el peligro de los piratas en el golfo, San
Juan Bautista de Villahermosa recobró importancia geográfica estratégica y
en 1792 fue declarada puerto menor.
El gobernador de la provincia Miguel de Castro y
Araoz, creyó conveniente reinstalar la capital de Tabasco en el puerto de
Villahermosa. El caso fue atendido por el virrey Miguel de la Grúa Talamanca
y Branciforte, quien concedió la autorización en enero de 1795, llevándose a
efecto el traslado de poderes el lunes 15 de agosto de ese año.
En noviembre de 1808, el virrey de la Nueva
España dispuso elegir el primer ayuntamiento de San Juan de Villahermosa,
mismo que inició sus funciones el 1 de enero de 1809.
En 1810, mientras la nación se convulsionaba por
el movimiento de independencia, el llamado de José María Jiménez, la única
voz insurgente que se levantó en Tabasco, era acallada con la cárcel sin
haber encontrado apoyo popular, debido a la extrema ignorancia que reinaba
ante la ausencia de escuelas y la amenazadora presencia de las fuerzas
militares realistas.
Luego de la firma del Plan de Iguala donde se
reconoce la Independencia de México el 24 de febrero de 1821, del general
Antonio López de Santa Anna, comandante en jefe de la 11ª. división del
ejército libertador de Alvarado, Veracruz, comisionó al capitán Juan
Nepomuceno Mantecón Almonte para libertar a los tabasqueños del gobierno
español. La acción desarrollada por el ejército independentista no encontró
trabas en el camino a la capital tabasqueña, pues la guarnición del gobierno
colonial había huido a la villa del Carmen, Campeche, de modo que el 7 de
septiembre hizo su entrada triunfal a Villahermosa, ocupando los cuarteles
nuevo y viejo, y la plaza de la Constitución donde se juró la Independencia
de México. Juan Nepomuceno quedó al frente del gobierno y convocó en
noviembre de ese mismo año, a elegir el ayuntamiento de la capital, conforme
a la Constitución de 1812.
Hasta entonces, la provincia de Tabasco dependía
políticamente de Yucatán, por lo que se propuso al Congreso Constituyente
que Tabasco tuviese diputación provincial, siendo aceptada la petición el 22
de noviembre de 1822.
Considerando que en Villahermosa se localizaban
las autoridades, la cultura y el comercio, por decreto del Congreso, el 4 de
noviembre de 1826 la capital de Tabasco se elevó a la categoría de ciudad
con el nombre de San Juan Bautista.
Desde el inicio de la Independencia, la lucha
por el poder desencadenó una serie de batallas que tuvieron como escenario
principal la capital del estado. Aunado a los conflictos políticos llegaron
las devastadoras enfermedades epidémicas como el cólera morbus, el sarampión
y la viruela, que diezmaron la población sanjuanense; varios de esos
episodios fueron descritos con gran realismo por el famoso viajero Federico
Maximiliano Barón de Waldeck, quien se quedó atrapado en esta capital al
imponerse un cordón sanitario que evitaría la propagación del cólera hacia
otras partes del país; Waldeck fue testigo asimismo de un sangriento combate
en San Juan Bautista entre federalistas y centralistas, episodio ganado por
los primeros y que se conoce en la historia como la “guerra de los
Maldonado”.
En marzo de 1847 Estados Unidos declaró la
guerra a México y los marines norteamericanos invadieron el puerto de
Veracruz; meses después, el 21 de octubre, barcos estadounidenses comandados
por el comodoro Mathew C. Perry se presentaron en la desembocadura del río
Grijalva, atacaron y se apoderaron del puerto de Frontera la tarde del 23, y
el día 25 se plantaron frente a San Juan Bautista exigiendo la rendición de
la plaza. El gobernador de Tabasco coronel Juan Bautista Traconis, se negó
rotundamente y los invasores iniciaron un despiadado bombardeo a la ciudad
capital.
La defensa de San Juan Bautista la conformaban
el batallón de Acayucan, una compañía de infantería y otra de caballería, a
los que se unieron vecinos que voluntariamente se aprestaron a defender su
ciudad. Durante dos días, los invasores apoyados por el fuego de la metralla
y la artillería intentaron desembarcar pero fueron rechazados por los
valientes mexicanos que les ocasionaron numerosas bajas, entre ellos, el
hijo del comodoro Perry. Tal fue la bravura de los defensores de San Juan
Bautista que los norteamericanos se vieron obligados a solicitar una tregua
a través de los cónsules de Alemania, España y Gran Bretaña. Pactado el alto
al fuego, Perry y sus marines abandonaron sus posiciones y retornaron al
puerto de Frontera.
En virtud de que los invasores norteamericanos
permanecían en Frontera, el gobernador Traconis solicitó ayuda al gobierno
federal para enfrentar el inminente nuevo ataque; el gobierno de la
República respondió con evasivas y Traconis hizo un pronunciamiento contra
el presidente José Mariano Salas, aun así, se hicieron preparativos para
enfrentar cualquier contingencia, construyéndose un nuevo fortín llamado “Iturbide”.
El 16 de junio de 1847, por segunda ocasión el
comodoro Perry se plantó con sus marinos frente a San Juan Bautista, sin
saber que el gobernador Traconis junto con los miembros del Congreso se
habían instalado en Tacotalpa desde el día anterior, declarando a ésta villa
como la capital provisional de Tabasco y dejando la ciudad de San Juan
Bautista bajo el mando del comandante, general Domingo Echegaray.
Durante el nuevo enfrentamiento con las fuerzas
invasoras norteamericanas, Echegaray ordenó la retirada de las tropas
nacionales hacia las villas de Atasta de Serra y Tamulté de las Barrancas,
desde donde posteriormente marcharon a Tacotalpa para unirse con las
autoridades estatales.
Sin protección, la ciudad de San Juan Bautista
fue ocupada por los norteamericanos; el comodoro Perry nombró gobernador
provisional al comandante Van Brunt, en tanto él se dirigía a Frontera. La
respuesta mexicana no se hizo esperar e inmediatamente se inició un continuo
hostigamiento de guerrilla que atacaba a los invasores por doquier; este
sistema de ataque alcanzó tal magnitud que diariamente aparecían
norteamericanos muertos por las calles de la ciudad; el clima jugó también
un papel importante al favorecer el desarrollo de enfermedades que diezmaban
aún más a la tropa invasora. Así, después de treinta días, la ciudad de San
Juan Bautista fue desalojada.
A mediados del siglo XIX, la situación
predominante en México era crítica debido al estado de ingobernabilidad que
generaba los continuos pronunciamientos armados en las diferentes regiones
del país, que a la postre hundieron la economía mexicana. El 17 de julio de
1861, el presidente Benito Juárez decidió suspender por dos años el pago de
la deuda contratada con Inglaterra, España y Francia. La reacción a este
decreto provocó la alianza de esos países con la finalidad de intervenir en
México.
Pese a que Juárez había aplazado la aplicación
de la moratoria, las potencias extranjeras arribaron a costas mexicanas;
primero fueron los españoles (8 de diciembre de 1861), luego los ingleses (6
de enero de 1862) y dos días más tarde los franceses. No obstante, España e
Inglaterra llegaron a un acuerdo con México, pero Francia rechazó el
ofrecimiento y reanudó las hostilidades.
En el sureste mexicano, la isla del Carmen y
Palizada en el estado de Campeche fueron ocupadas. Poco después los
intervencionistas franceses intentaron tomar la plaza de Jonuta en el estado
de Tabasco pero fueron rechazados por las fuerzas republicanas que los
mantenían al margen con tácticas de guerra de guerrillas.
Un ataque mal calculado por las fuerzas
republicanas tabasqueñas al mando del capitán Lorenzo Prats, dejó sin
protección a Jonuta, lo que fue aprovechado por los intervencionistas para
tomarla y desde ahí comenzar el avance hacia la capital tabasqueña.
Uno de los colaboradores franceses fue el cubano
Eduardo González Arévalo, quien al frente de un contingente formado por
mercenarios mexicanos y martinicos, se enfiló hacia Jonuta con la finalidad
de lograr adeptos para la causa francesa. De esta localidad situada a
orillas del caudaloso río Usumacinta y a bordo de un vapor, se dirigió a San
Juan Bautista, ciudad a la que abrió fuego el 18 de junio de 1863.
La supremacía bélica de los invasores se impuso
luego de un nutrido combate que duró alrededor de 8 horas. Las diezmadas
tropas defensoras tuvieron que replegarse hacia la Sierra y la Chontalpa,
dejando la capital en manos de los franco traidores.
Al conocerse la noticia de la toma de San Juan
Bautista por las fuerzas intervencionistas francesas, en la villa de
Cárdenas se levantó en armas el coronel Andrés Sánchez Magallanes y en
Comalcalco, Gregorio Méndez Magaña, quienes junto con Lino Merino Marcín en
la región de la Sierra y los hermanos Eusebio y Cornelio Castillo Zamudio en
Jalapa y Pichucalco, se dieron a la tarea de reorganizar las fuerzas
republicanas para combatir al invasor.
La victoria republicana en el Jahuactal,
Cunduacán, el 1º. de noviembre de 1863, fue el estímulo para la lucha por la
recuperación de la capital del estado. El coronel Gregorio Méndez luego de
reunificar las fuerzas liberales y hostilizar con tácticas de guerra de
guerrillas a los invasores, emprendió la marcha hacia San Juan Bautista. La
batalla fue difícil teniendo que pelearse casa por casa, calle por calle y
manzana por manzana de la ciudad; fueron días en extremo difíciles, pero el
valor de los defensores mexicanos excedió al de los intervencionistas, de
tal manera que el 27 de febrero de 1864 lograron expulsar la escuadra
francesa y a sus aliados de la capital del estado de Tabasco.
Hacia 1870 dos partidos, los radicales y los
progresistas se disputaban el poder, a lo largo de más de una década, estos
grupos escenificaron en San Juan Bautista una serie de enfrentamientos
armados que mantenían en zozobra la población de la capital.
Durante los primeros años del régimen porfirista
continuó la inestabilidad política en Tabasco; hubo sublevaciones y
revueltas que impidieron su pacificación; sin embargo, pudieron llevase a
cabo obras de interés, como la introducción del alumbrado eléctrico, la
instalación de una línea telegráfica y varias vías férreas; así también se
dio gran impulso a la educación.
A principios del siglo XX, surgieron las
primeras manifestaciones contra el régimen dictatorial de Díaz en la capital
del estado, representado en Tabasco por el general Abraham Bandala Patiño,
en 1908 luego de su enésima reelección como gobernador, un grupo de
intelectuales se manifestó por las calles siendo aprehendidos y llevados a
prisión, entre otros, Manuel Mestre Ghigliazza, Domingo Borrego, Andrés
Calcáneo Díaz y Lorenzo Casanova.
Con el Plan de San Luis, suscrito por Francisco
I. Madero, inicia la Revolución el 20 de noviembre de 1910. En Tabasco se
levanta en armas el coronel Ignacio Gutiérrez Gómez, secundado por el
capitán Domingo Magaña.
Durante la revolución maderista la ciudad de San
Juan Bautista permaneció bajo el control del ejército federal; la renuncia
del dictador Porfirio Díaz abrió una nueva etapa política en el país; la
nación mexicana luego de más de 30 años de dictadura cayó en el vértigo de
una embriaguez democrática como nunca antes había experimentado.
El 20 de noviembre de 1911, durante su gira
proselitista arribó a San Juan Bautista el candidato presidencial Francisco
I. Madero, acompañado del tabasqueño José María Pino Suárez, candidato a la
vicepresidencia.
Durante el gobierno de Madero se levantó en
armas el general Pascual Orozco, descontento porque se sentía desplazado por
Pino Suárez; en San Juan Bautista secundó el movimiento un ex cura español,
profesor y periodista José Gurdiel Fernández, que se había convertido en un
acérrimo enemigo del gobernador Manuel Mestre Ghigliazza quien lo envío a
prisión. Ayudado por sus amigos logró escapar y huyó a los Estados Unidos
donde reclutó una docena de mercenarios apareciéndose con ellos en la villa
de Balancán, la que tomó en nombre de Pascual Orozco, pero ese mismo día fue
aniquilado por un comando punitivo encabezado por los familiares del
vicepresidente Pino Suárez. Gurdiel Fernández había fundado en San Juan
Bautista el Instituto Hispano Tabasqueño y era a la vez, editor de un
periódico opositor al gobierno de Mestre.
Luego de los asesinatos de Madero y Pino Suárez
en febrero de 1913, el general Victoriano Huerta autor del magnicidio,
sustituyó a Mestre en el gobierno pese a que éste le había reconocido. El
nuevo gobernador general Agustín Valdés de origen cubano, tuvo que
enfrentarse a los levantamientos armados afiliados al carrancismo que se
dieron en los Ríos y en la Chontalpa.
Al triunfo de la revolución carrancista, la
capital del estado se convirtió en el principal escenario de la lucha por el
poder entre los caudillos revolucionarios de los Ríos y la Chontalpa.
Carranza nombró gobernador preconstitucional al general Luis Felipe
Domínguez Suárez, primo hermano del asesinado vicepresidente, pero la
nominación disgustó a los radicales caudillos chontalpenses que entraron con
sus tropas a San Juan Bautista para iniciar una serie de saqueos al comercio
y a las residencias de funcionarios y fieles al huertismo, así como de
ejecuciones sumarias que sembraron el terror entre la población.
El 3 de febrero de 1916 siendo gobernador el
general Francisco J. Múgica, desde la villa de Teapa expide el decreto 111,
con el que restituye a la capital del estado su antiguo nombre de
Villahermosa, como hasta la fecha se le conoce.
El 27 de febrero de 1917 se proclama en
Villahermosa la nueva Constitución Política de la República, y el 10 de
marzo de 1919, toma la protesta como primer Gobernador Constitucional al
general Carlos Greene Ramírez.
Luego de una balacera en el Congreso donde
murieron varios diputados y funcionarios del gobierno estatal, el Senado de
la República declaró desaparecidos los poderes el estado y el gobernador
Greene junto con el presidente municipal de Centro fueron aprehendidos y
llevados presos a la Ciudad de México.
En 1924, durante la llamada rebelión
delahuertista, Villahermosa fue un importante bastión de este movimiento;
durante los 6 meses que ésta ciudad estuvo en manos de los rebeldes, la
población fue testigo de un sinnúmero de asesinatos políticos, la escalada
sangrienta se prolongaría más allá de la rebelión sin cabeza, a lo largo del
período conocido como el garridismo donde se gestó el movimiento
anticlerical más radical que haya padecido Tabasco. Una balacera en la
céntrica calle Juárez de Villahermosa que costó la vida a varios jóvenes
estudiantes marcó el fin de esta etapa al desconocerse los poderes del
estado en 1936.
En 1956 el poeta y etnólogo Carlos Pellicer
fundó en Villahermosa el museo de La Venta con las más importantes piezas
colosales de la cultura olmeca; ese mismo año, el presidente Adolfo Ruiz
Cortinez inauguró la carretera circuito del golfo que une a Villahermosa con
el resto del país.
Durante el gobierno de Carlos A. Madrazo
Becerra, la capital del estado avanzó como nunca antes en materia de
urbanización; fue construido el malecón de la ciudad con lo que el problema
de las inundaciones que se padecían anualmente se redujo a las áreas
suburbanas; la ciudad se embelleció con monumentos, jardines, parques,
avenidas, fuentes, se construyó la ciudad deportiva y la universitaria;
Villahermosa recibió un impulso para situarse entre las más modernas y
pujantes del país.
A partir de 1970 el desarrollo de la industria
petrolera nacional generó un impacto inesperado en la ciudad de Villahermosa
que en unos cuantos años empezó a verse rebasada por su desmesurada
población que exigía más y mejores servicios. Al finalizar esa década se
inició la construcción del complejo urbanístico Tabasco 2000, que marcaría
el inicio de un nuevo rostro para la capital tabasqueña.
A partir de entonces, Villahermosa ha logrado un
desarrollo urbanístico inusitado; los servicios con que cuenta la colocan a
la vanguardia en la región sureste del país de la que es puerta de entrada,
y es una eficiente prestadora de servicios.
|